Lanzado a la persecución de los secuestradores del capitán Haddock, Tintín se cuela en un taxi detenido al mismo tiempo que otro pasajero, igual de decidido a que lo lleven a buen puerto. Cada uno asegura haber subido primero al taxi y los ánimos se caldean. Para vencer la insistencia de su rival en la carrera, ¡Tintín pretende haber sido mordido por un perro rabioso y tener que acudir al Instituto Pasteur!